Decidiré por ti, y daré por hecho que el candor que rodea el aura de tus encantos es más que una mirada, mí mirada, una de esas miradas penetrantes, que al pasar a roce se comprende entre el espacio nulo que supuestamente hay entre nosotros.
¡Enloquezco! He de enloquecer por el sonido que sale de tu garganta y pasa por tus labios enrojecidos, algo así como un gemido, perdido en el ritmo angustiante de tus gritos, esos gritos que entonan el sentir que con estas manos y esta lengua te provoco y recorren el ser que te rodea en forma de ganas de más, sintiendo más, clamando más, dame lo que quieras darme, que de ti lo recibo con entero placer.
Astuto yo, sabiendo que solo placer tienes para dar ya que lujuria y cariño es lo que te brindo, te pido a cambio de eso lo que solo de ti recibo contento, tu cuerpo.




